Psicologos para hijos de padres divorciados

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Mucho se ha dicho de lo que afecta a los hijos la separación de sus padres, pero hacemos algo al respecto o dejamos que ellos solos sanen esas heridas? Seguramente algunos dirán que les dan todo el apoyo y amor a pesar de la ruptura, que mantienen una buena relación con los hijos (antes y después), sin embargo, eso será suficiente para asegurar que no queda ningún trauma en los críos?

Debemos comenzar desde la base de que todos los individuos somos diferentes y, por ende, asumimos las cosas de variadas formas, en consecuencia, el hecho de que algunos chicos resulten ilesos o indiferentes ante el divorcio de sus progenitores, no significa que será el mismo comportamiento que adoptará la mayoría en circunstancias similares.

Hay hijos que durante y después de ese tipo de episodios se tornan rebeldes, caen en depresión, asumen conductas inapropiadas, se refugian en vicios o se apegan a malas compañías, en fin el mundo de posibilidades es muy amplio.

Hay que entender que ningún hijo desearía que sus padres  se separaran, aunque algunos logran comprender que es mejor esa decisión a mantenerse unidos en un ambiente hostil y hasta dañino para ellos mismos. Por otra parte, estamos dotados de un sentimiento natural hacia aquellos que comparten nuestra misma sangre, por ello se habla de lazos consanguíneos.

Qué hacer entonces?

Independientemente de la postura que adopten nuestros hijos ante la materialización de una separación conyugal, lo apropiado es llevarlos a varias sesiones de ayuda psicológica, ya los especialistas determinarán el tiempo y las actividades complementarias que hagan falta para facilitarles ese trance del que, por supuesto, no son responsables.

La orientación no la deben recibir únicamente los hijos, es perentorio que asistan los padres o cualquier otro adulto que influya de alguna manera en la efectividad de la guía psicológica, por ejemplo, abuelos, tíos, primos, y, en algunas ocasiones, tutores, profesores, solo por nombrar algunos, en fin todo aquel que convenga que participe.

Nunca se deben mezclar a los hijos en las disputas de los adultos, no deben usarse como un medio de venganza ni para peculio propio. Una vez disuelta la relación legal, o, incluso durante el proceso de divorcio, las comunicaciones han de darse dentro del marco del respeto, especialmente si los chicos están presentes.

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