El peligro de meter a desconocidos en casa

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En casa trabajamos todos fuera, mi marido sala de casa al amanecer y llega casi por la noche y yo tengo horario de comercio porque tengo una tienda de ropa y complementos así que solo vuelvo a casa a comer y a veces ni eso ya que algunos días me voy con las chicas que trabajan conmigo a comer por ahí. Es por esto que siendo cinco en casa los tres niños (aunque ya son mayores) y nosotros dos, y con los horarios que tenemos todos la casa está un poco desatendida, yo hago lo que puedo a medio día, y por las noches, pero la verdad es que no es una limpieza adecuada, es por esta razón que decidimos contratar a una señora par que nos ayudara un poco en casa.

La señora parecía agradable, un poco callada y reservada. Comenzó a trabajar a principios de mes y la verdad es que al principio limpiaba bien, la casa se veía recogida y limpia, además olía muy bien. Pero al cabo de un mes no veía resultados a toda una mañana de limpieza, las cosa no estaban limpias, los baños no se limpiaban en condiciones y mucho menos la ropa estaba bien planchada. Como no sabía lo que estaba ocurriendo en casa decidí comprar una web Cam  para ponerla en el salón junto al ordenador, la compre en https://www.mercamaterial.es/ y la instalé esa misma tarde.

A la mañana siguiente recibí a la señora como de costumbre y me marché al trabajo. Cuando llegué al medio día procedimos como siempre, yo llegaba a casa y ella se iba, fue entonces cuando me dispuse a ver lo que había grabado la cámara. Para mi asombro justo después de salir yo de casa, ella se sentaba en el salón a tomarse un café unas magdalenas o unas pastas, eso no me importa mucho porque yo misma le ofrecí la cocina para lo que quisiera, pero después de desayunar tranquilamente la señora pone la encendía la tele y se tumbaba en el sofá a ver las telenovelas. No me lo podía creer, estaba tumbada desde las diez y media hasta las doce y media, así que solo le quedaba tiempo para limpiar de doce y media a dos de la tarde que llegaba yo.
No le dije nada, simplemente le dije que ya no me hacía falta, que ya nos apañábamos. Hay que saber a quién metes en casa.