Aprende a utilizar los regalos publicitarios

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Existen tantas ideas para publicidad que elegir un buen regalo publicitario puede ser complicado. Y es que no se trata tan solo de escoger algo al azar y regalarlo sin más, sino que hay que tener en cuenta muchos factores como a quién va dirigido o la relación que pueda tener con la marca.

¿A quién se dirige el regalo?

Es fácil entender que no se puede dar el mismo regalo publicitario en un producto infantil que en uno dirigido al público adulto. Pero incluso trabajando en un mismo sector hay que saber jugar con las diferencias.

Con el público entre cuarenta y sesenta años puede funcionar un tipo de regalo que llame a la nostalgia. Los ochenta están de moda, esa época en la que la gente de este rango de edad vivió sus años de instituto o su juventud más rebelde. Todo lo que les recuerde a esas épocas puede hacer que se establezca una complicidad con la marca. Por ejemplo, si es un artículo que ya se vendía en la época, una edición vintage con una caja original de los ochenta puede ser un gran reclamo.

Si el público está situado entre los veinte y los cuarenta querrán regalos que les llamen la atención desde otros puntos de vista. Seguramente parecerán los más exigentes en lo que se refiere a que exigirán algo relacionado con la tecnología, pero también serán los que acepten muchas cosas relacionadas, como fundas para teléfonos, adornos para sus móviles o pegatinas para personalizar su portátil.

El público mayor de sesenta seguramente busque el regalo publicitario más tradicional y aprecie los posavasos o los salvamanteles de toda la vida porque aprecien las cosas prácticas que pueden utilizar en sus hogares.

La identificación con la marca

Por último es importante que el regalo se identifique con la marca y que tenga una relación con la misma. Si la marca, por ejemplo, destaca por su defensa de los valores relacionados con la ecología el regalo puede ir en esa misma onda ofreciendo algo que se pueda reciclar o que no sea contaminante.

También la relación con el objeto en sí mismo, por ejemplo, si se compran galletas, una bandejita para servirlas o una caja para guardarlas son regalos relacionados que pueden llamar la atención. La utilidad es evidente, el cliente no tiene que buscarla ni imaginarla y eso hace que el deseo del regalo pueda ser inmediato haciendo que se realice la compra.